Anécdotas, regalos y duelo de estilo de Máxima con la primera dama

En su último día en Buenos Aires, se reunió con el presidente Mauricio Macri. Juliana Awada se lució como anfitriona y Antonia la conquistó con su ternura

Natural, fresca, espontánea, así se muestra en cada una de las apariciones públicas. Y su visita a la Quinta de Olivos no fue la excepción. Aunque el almuerzo que mantuvo la reina Máxima con Mauricio Macri y Juliana Awada –del que también participó Antonia – en la casa principal fue a puertas cerradas, desde el círculo íntimo presidencial aseguraron que se trató de “un encuentro informal, con muy buena onda”. “ Máxima estuvo muy afectuosa con los tres y especialmente amorosa con Antonia”, agregaron. Es que tan sólo dos días atrás, la menor de la familia había cumplido 5 años y la soberana de los Países Bajos aprovechó para darle regalos: un juego para armar títeres y el libro Pinzón en la tormenta, del escritor holandés Wouter van Reek.

EN SINTONÍA

Considerada una de las reinas más elegantes de Europa, Máxima volvió a dar prueba de su distinción en Olivos. Esta vez eligió una blusa rojo carmín y una falda estampada, de la casa belga Natan, que complementó con zapatos Gianvito Rossi. Por su parte, la primera dama –referente del chic sin esfuerzo que desempeñó el rol de anfitriona a la perfección– se “mimetizó” con la reina consorte de Holanda y lució un outfit similar. Ambas llevaron el pelo recogido en un chignon.

UNAS POCAS HORAS

Antes de las 12.30 del mediodía, Máxima llegó a la Quinta en calidad de asesora financiera de las Naciones Unidas y mantuvo una reunión con el presidente Macri, la vicepresidenta Gabriela Michetti, la canciller Susana Malcorra, la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo. Después, brindó una conferencia de prensa junto a Michetti en la que sólo estaban permitidas las preguntas sobre la difusión de mecanismos de inclusión financiera, el objetivo principal de su viaje a Argentina. Tras cumplir con los periodistas, llegó el momento del almuerzo con el matrimonio presidencial y su heredera: el menú incluyó pescado con ensalada verde de entrada, lomo a la mostaza de Dijon como plato principal y como postre, pavlova de frutillas. Al salir de la casa principal, Macri, Máxima, Juliana y una tímida Antonia, quien se escondía detrás de la pollera de su mamá, posaron para la foto oficial. La despedida fue tan cálida como el encuentro y las mujeres se saludaron efusivamente antes de que la Reina emprendiera su camino a Ezeiza, donde allí la esperaban sus padres, Jorge Zorreguieta y María del Carmen Cerruti, para abordar el vuelo de las 15:45 de KLM con destino a Ámsterdam.

EL PASADO Y LA EMOCIÓN

El día anterior, la soberana se reencontró con imágenes de sus días como estudiante universitaria. En un colmado Auditorio San Agustín de la UCA –donde ella se graduó en Economía en 1995–, y antes de empezar a dar la conferencia, se levantó y le tendió la mano desde el escenario a quien había sido su profesor, el economista Javier Villanueva. Durante su discurso, Máxima dijo que el crecimiento del país “sigue siendo lento”, pero que “está en perfectas condiciones de revertir esta situación”. Fue precisamente en esta cita donde se sumaron otras emotivas anécdotas, ya que en primera fila se encontraban sus padres y su hermana menor, Inés, quienes la escucharon y aplaudieron con orgullo. Al terminar la charla, fuera de protocolo, Máxima bajó del estrado para abrazarlos. También intercambió palabras con otros profesores y antes de retirarse lanzó un beso al aire, un gesto cargado de significado que dejó en claro la gran alegría que le producía estar en su tierra..

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